El periodismo que vendrá
- Federico Marchiori

- 7 ene 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 8 ene 2025
La labor del periodista se ha caracterizado desde el inicio de su profesión por ser un reactor de constantes desafíos comunicativos, desde las limitaciones de los regímenes totalitarios hasta la desinformación de nuestra era digital. Este reto que asume el periodista es de especial relevancia en situaciones de crisis, caos social o aumento de la inseguridad ciudadana en general y la desconfianza con la organización sociopolítica de los estados. El pensamiento colectivo de una civilización es creado y mantenido en el tiempo gracias a la comunicación, comenzando por los primeros homínidos hasta llegar a las actuales sociedades democráticas, de ahí la especial relevancia de analizar, evaluar y comprender los desafíos que en estos momentos enfrenta la comunicación.
En el contexto de la comunicación global, la uniformidad de los mensajes y la ausencia de fronteras culturales y barreras lingüísticas existente gracias a las nuevas tecnologías, generan una serie de ventajas comunicativas, pero también provocan grandes desafíos. En este panorama, las redes sociales han adquirido un protagonismo innegable. Estas plataformas han transformado la forma en que las personas consumen, comparten y producen información.
Según informa We Are Social (2024), los usuarios de internet hoy en día son 5,35 mil millones, mientras que en 2014 eran 2,73 mil millones, y 899 millones en 2004. La mayoría de estos usuarios utiliza internet para acceder a las redes sociales (94,3%) y a aplicaciones de mensajería (94,7%).
La inmediatez y la accesibilidad que ofrecen permiten que cualquier usuario pueda convertirse en un emisor de contenidos, difuminando las líneas entre el periodismo profesional y el contenido generado por los usuarios. Sin embargo, este cambio no solo ha abierto nuevas oportunidades, sino que también ha traído consigo riesgos significativos, como la propagación de noticias falsas, la polarización de las audiencias y la dificultad para distinguir información confiable de aquella que no lo es.
El cuarto modelo que describe el académico Ortoleva (2004) se define por la interconexión de los medios de comunicación de masas y la globalización de la comunicación. Este modelo tiene como consecuencia una despersonalización de la información y una pérdida de referentes y valores, dado que vemos una transición desde la figura del periodista hacia la figura del influencer, y de los medios de comunicación tradicionales hacia las redes sociales, lo que da lugar a una ruptura del sistema y a una desinformación masiva apreciable desde la primera década del siglo XXI con el fenómeno de los blogs.
La interactividad proporcionada por las redes sociales conlleva una revolución en la comunicación que se traduce en una democratización de las posibilidades de intercambio de información. Sin embargo, también provoca un exceso de datos, lo que puede dar lugar a informaciones contradictorias, bulos e incluso desinformación deliberada.
Según el Digital News Report España de 2023, casi un 65% de los españoles muestra su preocupación por la desinformación en España y la mitad de los jóvenes no confía en las noticias. En España, el 40% desconfían de las noticias que se publican a diario frente al 33% que sí se fía.
Se deduce que una de las mayores dificultades a que se enfrenta el mundo de la comunicación es distinguir las noticias veraces de las falsas, que se propagan a través de internet. Estas pueden tratarse simplemente de sátira, creada con intenciones humorísticas; bulos, cuya finalidad es desinformar o confundir; rumores, que carecen de evidencia clara; propaganda, diseñada para influir en la opinión pública; infoxicación, por la saturación de datos; o sensacionalismo, que busca generar impacto por encima de informar con seriedad.
Una mayor conciencia en el utilizo de internet y una educación centrada también en estos temas podría ser una idea para mejorar la capacidad critica y los beneficios de las nuevas tecnologías. Considero también que sea esencial el trabajo de entidad como los verificadores de información, que aportan calidad en el mundo de la comunicación.
Frente a las noticias, es evidente que la tendencia del público es la desconfianza. Por ello, sería esencial para un medio (y para los periodistas en particular) encontrar todas las maneras posibles de crear una relación de cercanía y confianza con la audiencia. Esto implica utilizar las nuevas tecnologías y las redes sociales para exponerse y construir una marca personal sólida. Estos son los elementos que otorgan tanta fuerza a la comunicación de los influencers, de quienes los periodistas podrían observar y tomar inspiración en este ámbito. Además de estar presentes en los feeds del público con contenidos cautivadores que fidelicen a la audiencia y la acerquen, los trabajos que publican los periodistas deben ser transparentes, citar fuentes fiables y ser coherentes con la marca personal del profesional.
Resulta claro que esto implica otro gran desafío para la profesión del periodista: la carga de trabajo que conlleva la gestión de todos estos aspectos. Encontrar una solución a esta problemática no es fácil, pero los profesionales podríamos buscarla concentrándonos en pocos trabajos de calidad, dirigidos a nichos específicos, en lugar de perseguir constantemente las tendencias del momento. Esto incluye crear sistemas de trabajo que permitan desarrollar proyectos abordables tanto para una persona como para equipos pequeños.
Es una dificultad adaptarse a estas nuevas formas, pero, al mismo tiempo, es una oportunidad para desarrollar la creatividad en los proyectos informativos. Elemento que está resultando esencial en el panorama actual, con el utilizo masivo de la inteligencia artificial generativa, que en unos casos puede crear contenidos de calidad aceptables y competir con algunos trabajos de periodismo, pero, por el momento, es bastante limitante, ya que emplea un esquema rígido y una estructura repetitiva e impersonal. Claro que está aún por ver cómo se desarrolla y los avances que incorporará en un futuro.
Este nuevo periodismo, con los cambios de paradigmas que se han dado desde la unidireccionalidad hacia la bidireccionalidad y la desaparición de la intermediación, tiene como consecuencia la aparición de un nuevo “mito de la caverna”. En este, encontramos nichos de luces y sombras, donde las personas se ven expuestas a una sobrecarga informativa que puede sesgar su percepción de la realidad. Por ello, es esencial recordar la labor del periodismo en relación con el fortalecimiento de las democracias, ya que una sociedad informada y consciente es capaz de tomar mejores decisiones electorales, evitar la polarización y buscar por encima de todo el bien común que caracteriza nuestro estado de bienestar.
En esta crónica final, se trata solamente la punta del iceberg de los desafíos comunicativos, ya que cada uno merecería un análisis pormenorizado a fin de llegar a comprender la complejidad de los mismos. No obstante, resulta evidente que los desafíos más recientes tienen como causa principal la velocidad a la que se suceden los cambios y la transformación constante de la comunicación, impulsada por la tecnología y las demandas itinerantes de la audiencia. Estos representan tanto oportunidades como desafíos, y será responsabilidad de los periodistas y comunicadores encontrar el equilibrio entre la innovación y la preservación de los valores fundamentales de la profesión. El futuro de la comunicación dependerá, en gran medida, de cómo los profesionales enfrenten estos desafíos con ética, creatividad y una visión renovada de su labor.




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